Literatura Afrocolombiana

  Fidelia Córdoba 

    

 La nana Fidelia Córdoba tenía el ritmo en las tetas. Había nacido a orillas del río Sipí y tenía unas tetas turgentes, redonditas como dos corozos, con unos pezones retractiles que además poseian sentido de orientación: eran al tiempo brújula, sextante, rosa de los vientos, escandelo, sondaleza, cuadrante y astrolabio.


Los pezones de las tetas de la nana Fidelia eran el orientador, el rutero, la salvación de cuantos perdieran el rumbo en el agua o en la tierra, pero sobre todo en el agua.Los pezones de las tetas de la  nana Fidelia debían ser del signo Escorpion, porque se movían como pez en el agua.

Una vez se armó un paseo en lancha. Al grito de "al embalcal" se montó un gentío, todo el mundo con vestido o pantalón de baño, sombrero y gafas para el sol, aguardiente Platino para subir el color de las mejillas y el calor del cuerpo en general y gargantas aclaradas que cantaban "Un potro que aguabajo venga". Y arrancó la lancha, Atrato arriba, en medio del corrinche y la algarabía.


El agua del río salpicaba los rostros con fuerza y sus gotas se sentían como alfileres pinchando la piel; el sol, que al principio era abrasador, fue soltando el abrazo hasta ocultarse detrás de los platanales que estaban a la orilla del río. De pronto se nos perdió. "Al oscuro metí la mano", cantó alguien en la lancha momentos antes de que ésta se detuviera sin motivo y sin razón, pero se detuvo en medio de la noche y en la mitad del río Atrato.

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