Galería de Poemas


 Poesía Afrocolombiana

Muñeca Negra

Le pedí a Dios una muñeca

Pero no me la mandó
Se la pedí tanto, tanto
Pero de mí no se acordó.

Se la pedí a mi mamá 

y me dijo: "Pedísela duro a Dios",                                
y me jinqué de rodillas,
pero a mi no me escuchó.

Se la pedí de mañanita,

Antes de rayar el sol, 
para que así tempranito, 
me oyera primero a yo.

Quería una muñeca 

que fuera como yo,
con los ojos chocolate
y piel como un carbón.

Grueso R. Mary. Revista Fami-Diversidad. pag.8


LA MADRE

Para la gente que yo amo
la madre es flor de eucaristía
aire puro, Selene llena
sagrada sombra de la encina.


Ventana abierta al infinito
para soñar la prole limpia
dulzura azul de villancico 
lengua de miel desconocida.


Célico emblema de jardín,
de santa alegoría;
goza de justo proceder
y pronto escudo de la espina.

Sus tierras manos amorosas
jamás conocen la fatiga
ni la costumbre de su ser
 sabe de lindes  ni de orilla

Simboliza el arca serena
en el amor de la familia
y la embellece la virtud
de ser el bálsamo y la viga.

oid cantar su corazón
en el ungüento de la herida; 
la gotera del desamor y su calvario si la olvidan

Llegad al reino de las flores 
y gozaries al confundirla,
con el lucero de la espuma 
carne de sueño y maravilla.

Y si deseaís su regicijo 
dale la paz que la ilumina
de  ella se nutre y resplandece
como lo enseñan en la biblia.

Hugo Salazar Valdéz



Otros poetas Colombianos 


De Noche

No ya mi corazón desasosiegan
las mágicas visiones de otros días.
¡Oh patria, oh casa,oh sacras musas mías!...
...¡Silencio!Unas no son otras me niegan...

Los gajos del pomar ya no doblegan
para mí sus purpureas ambrosías;
y del rumor de ajenas alegrías
solo ecos melancólicos me llegan.

Dios lo hizo así. Las quejas,el reproche
son ceguedad. Feliz el que consulta
oráculos mas altos que su duelo

Es la vejez viajera de la noche;
y al paso que la tierra se le oculta,
ábrese amigo a su mirada el cielo.


Rafael Pombo



Poesía Africana


J. Jacques Rabearivelo

Aquí estás


Aquí estás,
en pie y desnudo.
Limo eres, lo recuerdas;
pero en verdad eres el hijo de esta sombra parturienta
que se apacienta de lactógeno lunar,
luego la forma de un fuste tomas lentamente
Por esta pared baja que atraviesan los seños de las flores
Y el perfume del estío en su reposo.

Sentir, creer que raíces te brotan en los pies,
corren y se retuercen como ávidas serpientes
hacia alguna fuente subterránea
o se enlazan en la arena
y ya te unen con ella, a ti, oh viviente,
árbol desconocido, árbol no identificado,
que elabora frutos que tu mismo has de coger.

Tu cima,
en los cabellos que sacude el viento,
encubre un nido de pájaros sin materia;
y cuando a acostarte vengas a mi cama
y yo te reconozca, hermano mío errante,
tu contacto, tu aliento y el olor de tu piel
suscitarán ruidos de alas misteriosas
hasta las fronteras del sueño.


Lópold Sedar Senghor

Mujer negra


¡Mujer desnuda, mujer negra!
vestida con tu color que es vida, con tu forma
que es belleza.
A tu sombra he crecido; la dulzura de tus manos
vendaba mis ojos.
Y ahora, en pleno estío, en pleno mediodía, te
descubro, Tierra prometida, desde la cima
de un alto puerto calcinado
y tu belleza me fulmina en pleno corazón, cual
relámpago de un águila.

¡Desnuda mujer, mujer obscura!
madura fruta de carne tersa, sombríos éxtasis
de vino negro, boca que haces lírica mi boca.
Sabana de puros horizontes, sabana que a las
caricias fervientes del viento del Este te estremeces
tantán esculpido, tantán tensado que en los
dedos del vencedor bramas
canto espiritual de la Amada tu voz grave
de contralto.

¡Desnuda mujer, mujer oscura!
Aceite que ninguna brisa riza, aceite suave en
los costados del atleta, en los costados de los
príncipes de Malí

Gacela de celestes ataduras, las perlas son
estrellas por la noche de tu piel.
Delicias de los juegos del espíritu los brillos de
oro púrpura por tu piel en tornasol.
A la sombra de tu cabellera mi angustia se ilumina
con los cercanos soles de tus ojos.

¡Mujer desnuda, mujer negra!
tu belleza canto pasajera, forma que en lo
Eterno fijo
antes que el Destino celoso te reduzca a cenizas
para nutrir las raíces de la vida

Chicaya U'tamsi

Tus ojos profetizan un dolor


Como terreros, tres colinas de cenizas...
Mas decidme: ¿de quién son estas cenizas?

El mar obedecía ya sólo a los negreros
los negros se dejaban apresar
pese a los sortilegios de sus sonrisas
tocaban a rebato
a puntapiés en los vientres
de pasantes encinta:
y un toque de queda para corromper su agonía
los fuegos de la selva en especial causan malos sueños

En cuanto a mí
¿qué crimen habría cometido?
Si violara la luna
¿los resucitaría?
¿qué dolor tus ojos profetizan?



Primavera Tiernamente la joven mujer de cabello rojizo Conmovida ante tanta inocencia Le dijo a la rubia muchacha Estas palabras en suave voz "Savia que se eleva; flores que se abren tu juventud es una glorieta permite a mis dedos vagar por la hierba donde se estremece el capullo de la rosa Déjame por entre el herbaje puro Beber las gotas del rocío Que humedece a la tierna rosa,.. De modo que el placer, mi cariño Avive tu rostro Como el amanecer el azul del cielo Su adorado cuerpo bello, armonioso Perfumado, blanco como el blanco Rosa, emblanquecido con pura leche, rosado Como un lirio bajo un cielo púrpura Bellos los muslos, enhiestos los pechos Tu espalda, hombros, vientre, un banquete Para los ojos y para las curiosas manos Para los labios y todos los sentidos "Pequeña niña, deja ver si tu lecho tiene aún debajo de la roja cortina la hermosa almohada que lleva y las salvajes sábanas. Oh a tu lecho.
Paul Verlaine.



¡Ay qué pena!


“¡Ay qué pena! Niño blanco,
¡que pa’ novia no me quieras!
De oro has vestido la mano
De tu igual que es casadera,
pero a mí me has escondío
pa’ no pasá por la pena
de decí que ayer gozaste
en los brazos de esta negra.”

Yesenia María Escobar


Tomado de: Vean vé, mis nanas negras

Adelaide era negra
como un tizón,
su piel era satinada
y mullida
como terciopelo y
cuando el aguacero
posaba sus gotas en su piel
suya de ella, brillaban como diamantes,
o mejor,
como el agua que arrastran las olas que traen el plancton,
y que llenan de destellos la orilla de la playa.

Amalia Lú Posso Figueroa.

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